Creía que tendría un amor de libro.
Me dejé ilusionar por lo que pasaba después del sexo,
las dormidas juntos,
las muestras de afecto...
Yo con un alma carente de tacto y el con la sonrisa a
flor de piel,
brindándomela,
al final de cuentas,
el amor de los libros no existe,
mucho menos existirá cuando es la ilusión de uno solo.
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